CLASE POLÍTICA

*Un mar de lamentos y una tragedia por gajes del oficio*

Por. ANTONIO ZAVALETA
La noticia de que un policía de la Fuerza de Reacción Inmediata Pakal (FRIP) perdió la vida en Tapachula, tras ser ahorcado por un reo al que trasladaba, es una de esas tragedias que la población prefiere desdibujar como los gajes del oficio. 
Se antepone un homenaje de cuerpo presente y la promesa de una investigación. Sin embargo, detrás de esta situación lamentable y fúnebre, persiste una cruda realidad- que exige un análisis para reivindicar la estrategia policial sin confiarse ni bajar la guardia.
El traslado del reo peligroso que incurrió en un acto de venganza consumada, exhibe la falla sistémica poniendo al descubierto los riesgos que enfrentan los elementos policiales, particularmente aquellos que realizan labores de traslado en unidades como la Pakal. 

La imagen del reo, esposado pero con la movilidad suficiente para estrangular al conductor desde el asiento trasero, fue un acto dantesco; una pesadilla con secuelas- que revela una vulnerabilidad y sobre todo un descuido injustificado que ha generado pérdidas humanas y materiales que nadie quiere se vuelvan a repetir. 
Por el escenario drástico, vienen los cuestionamientos en torno a la urgente preparación de las unidades policiales, para el traslado seguro de detenidos de alta peligrosidad.
Nunca más deben anteponer la confianza y la suerte o la moneda en el aire para transportar un criminal, dejando a los elementos expuestos a un riesgo innecesario.
El reconocimiento de la SSP del pueblo al agente Jorge Velázquez Segovia es un acto debido y digno. Pero el verdadero homenaje a su sacrificio, aparte de izar la bandera a media asta, también es desmantelar las fallas que llevaron a su muerte. 
La promesa de revisar los protocolos, debe ser una urgente realidad. Es indispensable una auditoría técnica para evaluar el diseño de las patrullas, la implementación de barreras físicas de separación, el protocolo de inmovilización de detenidos, el manejo adecuado de las esposas de seguridad y la capacitación para gestionar amenazas dentro del vehículo.
Es importante exhortar a las autoridades a verificar el diseño interno de las patrullas para asegurar la protección a la integridad física de los elementos preventivos, lo anterior en el marco de la reciente entrega de patrullas cero kilómetros a varios municipios.
 La seguridad no es solo tener más armas o más vehículos; es tener los correctos con la tecnología y los protocolos que minimicen el riesgo en una de las labores más peligrosas en la vida cotidiana, como la de tener a un criminal custodiado, a centímetros de distancia.
La ciudadanía que, comúnmente critica a la policía, debe también dimensionar el peligro al que se enfrentan estos elementos en su día a día. No es solo el enfrentamiento armado; es la vulnerabilidad, durante una rutina como los traslados de delincuentes de alta peligrosidad. 
El reciente incidente debe ser analizado sobre la mesa, mediante la revisión de las unidades policiales para que la muerte de un agente policial no se vuelva a repetir en las mismas u otras circunstancias.
Honrar su memoria exige más que lágrimas y honores. Exige una reforma profunda en los procedimientos tácticos y en el equipamiento. Exige que la frase «cumplimiento de su deber» no solo sirva para suavizar una muerte evitable. Es un recordatorio de que la primera misión de cualquier institución de seguridad es proteger la vida de sus propios elementos. 
Si no aprendemos de esta tragedia, la bandera entregada a su familia será solo un símbolo de una deuda pendiente con todos los que siguen patrullando en las mismas condiciones de riesgo.
Comentarios antoniozavaletah@gmail.com

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