‘Es el día más triste para mí’: Cartas de madres a hijas víctimas de feminicidios

*Cuatro cartas escritas por madres a sus hijas asesinadas. Un 10 de mayo sin ellas… ¿Realmente hay algo qué celebrar?

FRIDAGUERRERA VILLALVAZO / VICE // TEXTO Y FOTOS

CIUDAD DE MÉXICO.- El feminicidio aniquila y rompe familias. He tenido la oportunidad de observar, leer y abrazar a algunas de las madres que se quedan rotas: dejan de comer, no duermen y ya no disfrutan la vida. Son aquellas que a gritos piden volverse locas, que las madrugadas las llenan de sufrimiento, quienes se abrazan unas a otras y las únicas que saben que el dolor no se irá. También son quienes tienen claro que la justicia no llegará aunque detengan al asesino de sus hijas. Son las violentadas y quienes se arrodillan ante las tumbas de sus niñas.

Estas son cuatro cartas escritas por madres a sus hijas asesinadas. Un 10 de mayo sin ellas, ¿realmente hay algo qué celebrar?

BLANCA ESTRADA

Madre de Diana Lizeth Ramírez Estrada, asesinada en 2016 en Coahuila. Tenía 11 años. Coahuila

Siempre celebré el 10 de mayo hasta hace dos años, cuando me arrebataron a mi Dianita. Desde que la asesinaron, mi caminar se ha vuelto un viacrucis. Es un golpe duro en el pecho que me asfixia y no me deja respirar, es un nudo en la garganta que me atraganta y no me permite hablar.

Este Día de las madres siento tantas ganas de sacar de una vez todo lo que traigo dentro, quiero llorar hasta que mis ojos queden secos.

Vivimos en un mundo de pena, desgracias e injusticias porque nos asesinaron a nuestras mujeres, a nuestras hijas, a nuestras hermanas, madres, tías, primas, sobrinas y cuñadas.

Me pregunto: “¿por qué nos festejan si nos están asesinando?”, “¿Por qué sólo una fecha, un día, un mes?”. Deberíamos cuidarnos, respetarnos y valorarnos todos los días.

Exigimos justicia para las víctimas de feminicidio. Ni una más, para así poder celebrar este 10 de mayo el Día de la madre.

ROSALINDA SILVIA GARCÍA

Madre de Rosalinda Estephanie Morales García, asesinada en diciembre 2017 en el Estado de México. Tenía 29 años y era madre de un bebé.

Fanny:

Hoy me puse a escribir una carta para ti, pero más que eso, son unas líneas llenas de amor, tristeza y dolor.

Hija, mi Beba, mi Fanny, sé que sabes cómo me siento y cuánto te extraño, y más aún, el dolor tan grande que me produce tu partida. Me han preguntado cómo voy a festejar este 10 de mayo y pienso, “¿hay algo qué festejar?”, “¿Hay alguna madre que festeje el hecho de que le hayan arrancado la vida a lo más valioso de tu vida misma?” Tengo el corazón hecho pedacitos, roto, no puedo festejar. Mis ojos están cansados de llorar en silencio por las noches, no puedo continuar.

Me pregunto por qué sucedió, qué fue lo qué pasó, pero no lo sé y no lo sabré. Solo sé que eras una mujer hecha y derecha, con principios y valores, con virtudes y errores. Eras mi hija, una hermosa mujer ejemplar, y creo que me faltó tiempo para decirte esto, pero quiero que sepas que fuiste una bebé deseada y amada por mí. Todo mi amor se te dio.

Sé que no fui tan amorosa y cariñosa contigo como lo deseabas, pero mi amor te lo demostré de otras maneras. Sé que cuando empezaste a crecer, la rebeldía de una adolescente no se escondió, deseosa de ver el mundo y conquistarlo, pero sobreviviste. Tuviste muchas experiencias que te hicieron madurar y ser mejor persona, disfrutaste de esas experiencias y en cada logro tus ojos y sonrisa brillaban de felicidad. Sé que, en parte, lograste conquistar el mundo, aunque algunos proyectos y metas quedaron inconclusos.

Uno de esos proyectos se hizo realidad: ser mamá. Tenías un brillo especial, te veías hermosa. En mayo de 2017 festejamos juntas que pronto serías mami, que tendrías a Chemita en tus brazos y yo estaba orgullosa de ser abuelita. Este 10 de mayo de 2018 festejarías en grande tu primer año con tu bebé en brazos. Ahora no hay nada que festejar. Será el primer 10 de mayo que no estés conmigo, es el día más triste y doloroso para mí.

Ya no estas a mi lado, mi niña hermosa, la que me defendía de esta vida apática, triste y sobre todo monótona. Mi Beba, no pienses que no te amaba, porque te amaba demasiado, y lo que más siento es no haberlo dicho más veces y darte todos los besos que se quedaron en mi boca y en mi corazón.

Ahora sólo escucho el silencio del tiempo, del dolor y de las lágrimas. Tú no merecías esto. Sólo eras una mujer enamorada y depositaste la confianza en quien no lo merecía. No sé cómo vivir con este dolor que taladra mi corazón y con este odio y rencor hacía quien te quitó la vida y te arrancó de la mía.

Pregunto a Dios: ¿Dónde estabas cuando ella necesitó que la protegieras y cuidaras? Espero, Dios, que el calvario que ella vivió sea para que esté contigo y que mi sufrimiento sea expiación de sus pecados. ¿Qué más puedo pedir? Todos me dicen que tengo que soltarla, que tengo que continuar y caminar para adelante, pero nadie me dice cómo vivir con este dolor que me parte la vida. Soy una mujer con virtudes y errores, y ahora con muy poca fe en Dios.

Ahora no tengo derecho a enfermar ni a estar cansada porque mi nieto me necesita. Es duro reconocer que estoy sola en este proceso, sin una mano que me ayude a levantarme, y aunque es bueno reconocer que tengo mucho amor de familiares y amigxs, creo que no basta. Ahora sé que no soy tan fuerte como me sentía, pero tengo que sacar fuerzas desde lo más profundo para continuar. Con una mano levanto a mi Chemita para continuar y con la otra me levanto cada que me caigo, cada mañana.

No descansare hasta que se te haga justicia. Que se escuche tu voz y la mía. Trataré de seguir sobreviviendo por tú bebé Chemita, para hacerlo una persona de bien. Siempre estarás en mi mente, en mi alma y en mi vida. Pido a Dios la fortaleza y la fe que me falta para continuar.

Algún día nos reuniremos, así que espérame, pero aún no es tiempo. Me dejaste lo más valioso para ti, que cada mañana lo veo al despertar. Nunca te olvidaré. Te amo y te amaré eternamente hasta el último aliento de mi vida. Te extraño. Dios te dio alas antes de tiempo, mi ángel del cielo.

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