“Gallo” y “Morita”, los jesuitas que dieron su vida por la Tarahumara

*Ambos sacerdotes rondaban los 80 años. Además de eso compartían su vocación por ayudar a otros, incluso hasta sus últimos minutos.

AGENCIAS

CHIHUAHUA.- Hasta el último momento de su vida, los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar cumplieron con su labor al proteger a un guía de turistas, Pedro Eliodoro, que estaba por ser asesinado, junto con ellos, en una iglesia de Cerocahui, Chihuahua, en la que por décadas se dedicaron a labores humanitarias

De acuerdo con las versiones oficiales, Pedro Heliodoro había sido secuestrado horas antes de tocar las puertas de la Iglesia por un comando armado. Al defenderlo, los sacerdotes fueron asesinados frente a los ojos de un tercer sacerdote, Jesús Reyes, quien abogó porque no se llevaran sus cuerpos y, según su testimonio, se quedó una hora hablando con José Noriel Portillo, «el Chueco», el perpetrador del multihomicidio.

Fue el sacerdote Javier “el Pato” Ávila quien reveló que los sacerdotes asesinados conocían a «el Chueco» desde que era pequeño y que después de cometer los crímenes se quedó con el clérigo Jesús Reyes platicando durante una hora y le pidió perdón.

“El delincuente se quedó desconcertado y se puso a platicar con él, le pidió perdón, le pidió confesión. Estuvieron platicando una hora”, contó el padre Ávila a Ciro Gómez Leyva en entrevista radiofónica.

¿Quiénes eran los sacerdotes asesinados ?

Los testimonios de quienes los conocieron coinciden: eran hombres extraordinarios y con vocación de ayudar. El rector de la Universidad Iberoamericana, Luis Arriaga Valenzuela, escribió sobre su trabajo en una columna en Reforma.

Señaló que en más de 40 años de trabajo y entrega inquebrantable, aprendieron su legua, participaron en yúmaris y en carreras de bola; alimentaron el entusiasmo y consolaron las “tristezas de sus hermanas y hermanos en la Sierra.

“El Gallo y Morita –como les decíamos sus amigos– fueron jesuitas extraordinarios. Verdaderos hombres de frontera que eligieron compartir la vida con las y los rarámuri”, publicó en el texto “Jesuitas”.

El escritor Marín Solares, autor de “Los minutos negros”, se sumó: “Personas como los padres Joaquín Mora o Javier Campos no abundan en este país. Costará mucho encontrar a dos personas como ellos, dispuestos a dar su vida por un desconocido que llegó a pedir ayuda, perseguido por un sujeto armado”, escribió en su cuenta de Twitter.

Javier Campos Morales “El Gallo”

Javier Campos Morales “El Gallo” tenía 79 años, de los cuales 49 pasó en la Sierra Tarahumara, como superior local, vicario pastoral y episcopal. Nació en la Ciudad de México un 13 de febrero de 1943; pasó su niñez en Monterrey, Nuevo León, y luego, ingresó al Instituto de Ciencias en Guadalajara, Jalisco.

En 1959, con 16 años de edad, ingresó a la Compañía de Jesús y 13 años después fue ordenado sacerdote: el 8 de junio de 1972. Al año se mudó a la Sierra Tarahumara donde se desempeñó como párroco en Guachochi, Chinatú y Cerocahui, donde fungió como superior de la Misión Jesuita, Vicario de Pastoral Indígena de la Diócesis de Tarahumara y Asesor Regional de CEB’S (Comunidades Eclesiales de Base).

Según El País , lo llamaban “El Gallo” porque sabía imitar el cacareo mejor que nadie. “Solía calzar botas vaqueras para caminar a gusto por los caminos de terracería y se dejaba ver hasta en las comunidades más apartadas”, señala el diario español.

Joaquín César Mora Salazar “El Morita”

Joaquín César Mora Salazar “El Morita” llevaba menos tiempo en la localidad que lo vio morir que su compañero Javier Campos. Nacido en Monterrey, Nuevo León, el 28 de agosto de 1941, ingresó a la Compañía de Jesús el 30 de julio de 1958, un año antes que “El Gallo”, y fue ordenado sacerdote el 1 de mayo de 1971 en su ciudad natal.

Desde 2007 se desempeñó como Vicario Cooperador en Cerocahui, donde murió. Antes realizó su Tercera Probación también en la sierra y fungió como Vicario Parroquial en Chínipas. “Mora, de 81 años y nacido en Monterrey, llevaba 23 años en la zona y vestía con pantalones de mezclilla y una camisa a cuadros. Era más tranquilo que Campos y hablaba peor el rarámuri, pero también es recordado como un gran misionero”, reseña El País.

El escritor Martín Solares contó que el padre Joaquín Mora pidió explícitamente servir en ese tipo de colonias o comunidades en los estados en los que vivió en Tamaulipas o Chihuahua y por eso se ganaba el respeto de cualquiera, entre ellos él mismo, quien fue estudiante. Además que uno de sus libros favoritos era la autobiografía de Christy Brown.

A través de su cuenta de Twitter, recordó que quienes lo conocieron, le vieron apenas un “puñado” de camisas y dos pantalones “siempre desgastados”, y soñaba con regresar a Tamaulipas. “Sus historias resaltaban lo apartada que se hallaba esa comunidad, cuán urgente era pedir medicinas para ella de manera rutinaria, y sobre todo, de su manera de vivir lo sagrado, que sólo se aprecia en ese lugar”, escribió.

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