

Clase Política
Por. Antonio Zavaleta
No habían pasado ni cuatro horas de desmentir la grave pudrición que prolifera en el basurero municipal de Tapachula y el muladar de desechos por las calles, con versiones efímeras alejadas a la cruda realidad que enfrentan los Tapachultecos, cuando el titular de la Secretaria de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDURBE), Mario Santizo, en el ayuntamiento de Yamil Melgar, incurría en otra pifia denigrante en el primer cuadro de la Perla del Soconusco. (La volvió a cajetear).
De forma por más descarada, absurda, incongruente e inconcebible fue exhibido en una denuncia pública en redes sociales, al encaramar la camioneta en la cual circulaba encima de la banqueta de la central norte, anteponiendo la forma tan más vil y denigrante de sobreponer y exponer su poder municipal que ostenta en el ayuntamiento municipal de Yamil Melgar.
Tal para cual, la sobrada actitud, la carencia de virtud y la opaca sensibilidad humana en tiempos de grave decadencia de oficio político
Mario Santizo, sintiéndose el todo poderoso, obstruyó la banqueta, en la cual deambulan los transeúntes o peatones tapachultecos. Total, la soberbia y las ínfulas de poder recrudecen en un Tapachula, pisoteado por FIFIS, y remedos de políticos con grave carencia moral.
El empleado del ayuntamiento no hace falta ni sobra para la percepción ciudadana. Es uno más en el carguito temporal del cual saca raja y se sirve con la cuchara grande. Dicho empleado del pueblo, fue impuesto en la SEDURBE, para dar resultados y cuidar las formas en torno a sus conductas. “Sin embargo, solo ha dado vergüenza, malas cuentas, falacias y faramallas traperas en torno al tratamiento de la basura donde la alerta sanitaria no deja de gritar por todos los sectores”, externan tapachultecos.
Mostrar una conducta con soberbia y altivez como si el fuera y debiera ser el centro de todas las atenciones por ser un servidor público cercano a Yamil Melgar, lo pone en el trampolín de la decadencia y el desecho.
Final de cuentas en temas laborales nadie es indispensable, pero, impulsar actitudes vergonzosas, abonan a su desdicha y descrédito.
