CLASE POLÍTICA

*Fiscal de Hierro, Javier Coello Trejo, quedará en las páginas de la historia jurídica de Mexico*
Por. ANTONIO ZAVALETA 
El fallecimiento de Javier Coello Trejo este 24 de mayo, a los 77 años, apaga una de las voces jurídicas más recias del México contemporáneo, pero enciende la memoria de un legado que merece ser contado más allá de los reflectores mediáticos recientes.
Para entender la estatura del chiapaneco, hay que alejarse del ruido de las filtraciones y acercarse a la solidez de una carrera construida desde abajo. Oriundo de Chiapas, comenzó a los 17 años como agente de policía por nombramiento del gobernador, una génesis que forjó su temple.
Su camino lo llevó a convertirse en agente del Ministerio Público en Chiapa de Corzo, para después escalar hasta la entonces Procuraduría General de la República (PGR), donde se ganaría el histórico mote de «El Fiscal de Hierro».

Ese apodo no fue una ocurrencia periodística; le fue otorgado directamente por el presidente José López Portillo tras admirar una hazaña que hoy parece mítica: en apenas 72 horas, Coello Trejo logró detenciones y armó un caso sólido contra funcionarios públicos de primer nivel. Fue el primer gran golpe contra la corrupción enquistada en el poder durante ese sexenio, un hito que marcó el inicio de una era de rendición de cuentas inédita en el país.
Su gestión como subprocurador sentó un precedente de valentía institucional. «Meter a la cárcel a muchos secretarios y ex secretarios de Estado, directores y oficiales mayores, eso fue un gran orgullo», declaró. Su operativo más recordado, la detención de Joaquín Hernández Galicia, «La Quina», líder del entonces todopoderoso Sindicato de Trabajadores Petroleros, demostró que para él no había vacas sagradas. Fue un hombre que hizo de la persecución del abuso de poder su carta de presentación, ganándose la confianza plena de presidentes como López Portillo y Miguel de la Madrid, con este último cultivando una estrecha amistad basada en los avances continuos de investigaciones emblemáticas como la de Banrural.
En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, su rol fue clave en la historia del combate al narcotráfico. Como encargado de esa batalla, logró cifras y capturas que hoy son referencia histórica: más de 4 mil narcotraficantes detenidos, incluyendo al «capo de capos» Miguel Ángel Félix Gallardo y la consignación de Amado Carrillo Fuentes, «El Señor de los Cielos», además del decomiso de una flota civil de 200 aviones.
Sí, en sus últimos meses, el caso de Emilio Lozoya lo colocó en el ojo del huracán mediático tras la filtración de conversaciones con el fiscal Gertz Manero. Sin embargo, lejos de dejarse consumir por la especulación, Coello Trejo dio la cara. Su comunicado aclarando que fue la familia Lozoya Thalmann quien decidió operar a espaldas de su defensa legal fue un acto de congruencia profesional. Hizo lo que siempre hizo: defender su trabajo con las pruebas por delante y señalar la falta de lealtad procesal de sus clientes como la causa de la ruptura.
Tras el deceso del fundador del Despacho Coello Trejo & Asociados, nos despedimos de un abogado de élite y de un fiscal que entendió que el hierro sirve para dos cosas. Forjar armas y construir cimientos. Un hombre cuyo legado principal no está en las portadas de la polémica, sino en las páginas de la historia jurídica donde se registró, con hechos, que alguna vez la ley sí le tembló a los intocables. Descanse en paz.
Comentarios antoniozavaletah@gmail.com

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