Agencias
CACAHOATÁN.- En Cacahoatán, las deudas crecen más rápido que las soluciones. La cortina de humo sobre el crédito por 100 millones de pesos contratado al Banobras revela opacidad administrativa y una peligrosa desconexión entre el discurso gubernamental y las calles polvorientas y desatendidas por el inoperante edil Víctor Saldaña, tildado de corrupto por actores políticos y sectores productivos ante la debacle de su administración.
La exigencia de transparencia lanzada por el ex alcalde César Oswaldo Arreola, es poner el dedo en la llaga, para extirpar la podredumbre del actual ayuntamiento donde aún despacha Víctor Saldaña y su familia, quienes ya buscan imponer otro pariente en las próximas elecciones; pues ya les gustó la teta presupuestal y vivir del erario.
En torno al desfalco de los cien millones como préstamo al Banobras, ya circula entre la ciudadanía que el
Ayuntamiento de CACAHOATÁN, podría quedar en banca rota.
Resulta inaceptable que, en pleno ejercicio fiscal, ni el Cabildo ni el Congreso del Estado hayan esclarecido el proceso de la autorización, incluso poniendo en sospecha y tela de juicio una sesión de Cabildo para aprobar dicho préstamo que se presta a malas interpretaciones, sobre todo vía camuflaje de arranque de obras donde trasciende el fraude, el peculado y el manejo sospechoso de recursos.
La malversación de fondos, el inflado de facturas y la mala asignación y construcción de calles, drenajes, alcantarillados, puentes y demás como ya ha ocurrido en pasadas administraciones con tal de que los actuales funcionarios se vayan con el botín millonario a sus casas.
Hoy la población cuestiona dónde está el acta de Cabildo donde se atrevieron a autorizar el mega préstamo millonario y bajo qué condiciones financieras se firmó. No se nombra, no existe, y en el despacho del presidente municipal Víctor Pérez Saldaña parece reinar la ley de la complicidad, el silencio administrativo, el fraude al desplomado y el presunto robo al pueblo.
La crítica se vuelve más ácida al contrastar la monumental cifra del préstamo con la realidad cotidiana. ¿Dónde están los 100 millones mientras las calles lucen saturadas de basura? ¿En qué se gasta el dinero fresco si el reordenamiento vial y el transporte siguen siendo un caos sin control? La falta de un plan de desarrollo visible convierte este financiamiento en un cheque en blanco sospechosamente peligroso.
La inseguridad, la crisis del agua potable y los residuos sólidos, son urgencias que huelen y pudren a sus alrededores. Endeudar al municipio sin la capacidad inmediata de demostrar en qué obra física, en qué beneficio tangible se traducirá ese crédito, es condenar a las futuras administraciones y a los ciudadanos a cargar con un lastre financiero sin plusvalía social.
Víctor Saldaña, ha resultado un promotor del saqueo y la perdición financiera. La vox populi no necesita más sospechas, necesita facturas, actas y, sobre todo, resultados visibles.
La transparencia no es una concesión burda del poder; es una obligación legal y moral. Mientras los 100 millones sigan siendo un fantasma, el pueblo de Cacahoatán seguirá pagando, el precio de la opacidad y la grave corrupción que sigue sufriendo la administración municipal.
