CLASE POLÍTICA

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Frontera sur de México, le están haciendo justicia a la revolución*

Por. Antonio Zavaleta
La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Tuxtla Chico es la ratificación de un mensaje político que, por décadas, los municipios de la frontera sur esperaron y que se traduce en el desarrollo añorado.
En este escenario, la intervención del presidente municipal Julio Gamboa Altuzar merece una lectura cuidadosa. No se limitó al agradecimiento de ocasión ni a la algarabía que suele acompañar las giras presidenciales. Gamboa Altuzar colocó en el centro del discurso, el avance de un humanismo que apoya y pone los ojos en el sur de México.

El edil reconoció a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, sí, pero también subrayó con fuerza el respaldo «total y directo» del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar. En esa dupla, Gamboa Altuzar parece haber encontrado el engranaje que todo alcalde fronterizo necesita con una federación que voltea al sur y un estado que traduce ese interés en operación territorial.
Cuando el munícipe destaca que la alianza tripartita- recorre las comunidades más alejadas del río Suchiate, está diciendo algo más profundo, enfocado a lograr un bienestar con rostro y presencia en los lugares más recónditos de la frontera sur de México.
Y hay que decirlo claro, el anuncio de inversión educativa es histórico, pero también es un termómetro de la deuda acumulada. Que hoy se celebren 1,900 pesos bimestrales por familia, 450 millones de pesos para 350 planteles, dos nuevos campus de bachillerato y 3 mil espacios universitarios, revela el tamaño del compromiso con la región.
La universalización de la beca en los 16 municipios fronterizos representa justicia redistributiva. La esperanza perdidas retorna con el anuncio de más infraestructura educativa, servicios sanitarios, obras y generación de empleos para inhibir la migración de las nuevas generaciones.
La coordinación Sheinbaum-Ramírez Aguilar que celebró Gamboa Altuzar será medida, por lo que ocurra cuando los reflectores se apaguen y las acciones brillen, gracias a cifras contundentes como; 180 mil hogares beneficiados, 350 escuelas rehabilitadas, 3 mil nuevos espacios educativos. Hoy resurge la esperanza de lograr más pisos firmes, techumbres que resistan la lluvia, en jóvenes que no abandonen el aula porque la universidad ya no quedará a tres horas de camino.
Gamboa Altuzar acertó al leer el simbolismo político de la visita. La frontera sur ha sido tradicionalmente un espacio de contención migratoria, de tensión, de pobreza crónica. Transformarla en prioridad educativa nacional es un anunciado éxito. Por encima de golpes de timón hoy dependerá de que cada peso anunciado, se traduzca en un salón construido.
La presidenta Sheinbaum y el gobernador Ramírez Aguilar han colocado a Tuxtla Chico en el mapa del progreso. Julio Gamboa Altuzar, por su parte, ha asumido el reto de ser el alcalde que recibió la promesa más ambiciosa para la educación fronteriza en décadas. Ahora los tres comparten la responsabilidad de que esta historia no termine en la foto del evento, sino en la vida cotidiana de miles de estudiantes que, por primera vez, pueden soñar con una potencialidad económica desde la frontera sur de México.

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