CLASE POLÍTICA

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

*Novedades turísticas en Tapachula, como aspirinas para un gran dolor de cabeza

*Vuelo Tapachula- Monterrey, una novedosa ruta de escape y atajo hacia el norte ¿de la migración?

Por. ANTONIO ZAVALETA
Tapachula, la capital económica de la frontera sur, parece condenada a mirar hacia el cielo con la esperanza de un despegue que, en la tierra, se le sigue negando. La reciente noticia del convenio para la ruta aérea Tapachula-Monterrey con Viva Aerobús debería ser un canto de victoria, un sinónimo de progreso. Sin embargo, más que un rugido de despegue, suena como el débil zumbido de una aspiración que choca contra una cruda realidad.
Durante años, se alimentó la remota idea de que la instalación de dependencias estatales y federales sería el motor de un desarrollo irreversible. Lejos de ello, el tiempo ha dejado al descubierto un panorama desolador con un desplome agropecuario que yace como un cadáver en las parcelas de café abandonadas, y una infraestructura turística que brilla por su ausencia.

El sello imborrable de la ciudad no es el de la pujanza, sino el de la “incontenible basura y pestilencia”, un síntoma de una corrupción del ayuntamiento municipal que carcome los cimientos del progreso.
Mientras tanto, la ciudad carga sobre sus espaldas una pesada losa migratoria. El éxodo de miles de ciudadanos de Venezuela, Cuba, Haití y otras naciones, que huyen de gobiernos a los que ellos mismos califican “sin ambages” como «socialistas sin futuro, corruptos y expropiadores», ha convertido a Tapachula en un limbo.
Más de 80 mil habitantes flotantes presionan hasta el límite los ya débiles servicios básicos. Persiste la crisis en el municipio con una camada de empleados liderados por un presidente municipal incapaz de gestionar y dar resultados.
Es evidente la poca inversión, la grave corrupción y la imparable mediocridad y simulación que produce decadencia en el despacho de la caja de cristal.
Por la anterior y otras razones, la nueva ruta aérea parece una solución para un problema ajeno al mexicano. Su mayor atractivo, se admite con crudeza, no es el turismo nacional o local, sino la “migración en busca del sueño americano” y el “turismo guatemalteco”. Es una ruta de escape, un atajo para el norte, no un imán para quienes deseen visitar Tapachula. Y es que atravesamos crisis con un quetzal que duplica al peso mexicano. Es un salvavidas económico que llega de fuera, no un fruto del desarrollo interno.
La comparación con Tuxtla Gutiérrez es lapidaria. Mientras la capital estatal se sustenta en la “monumental burocracia” que derrama economía en el 93% de su población, Tapachula depende de un ayuntamiento que es, para muchos sectores, la única fuente de ingresos. Es una economía de subsistencia, no de expansión.
La pista de vuelo está en el Aeropuerto Internacional de Tapachula. Los aviones despegarán, pero Tapachula no volará alto mientras sus calles sigan hundidas en la desidia de los baches, su campo en el abandono y su administración en la opacidad y cruda mediocridad.
El vuelo a Monterrey es un espejismo de modernidad que sobrevuela una ciudad en retroceso. Hasta que no se enfrente la podredumbre interna, la corrupción, la falta de visión, la incapacidad para retener a su propia gente y generar oportunidades, cualquier ruta aérea será solo un puente para que otros continúen su viaje, dejando a la capital económica del sur estancada en el último rincón de México, con las alas cortadas.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.